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Crisis de pánico y trastorno de pánico: por qué el cuerpo se asusta de sí mismo y cómo romper el círculo

Actualizado: 23 jul

Una crisis de pánico no aparece porque algo esté gravemente mal con el cuerpo o con la mente. Aparece porque el cerebro interpreta como peligrosas unas sensaciones internas que en realidad son inofensivas, y al hacerlo enciende el sistema de alarma como si la persona estuviera frente a una amenaza vital. El círculo se cierra rápido: la sensación gatilla el miedo, el miedo intensifica la sensación, la sensación intensificada confirma el miedo, y en menos de diez minutos la persona está en lo que clínicamente se llama un ataque de pánico. Este artículo explica qué es una crisis de pánico, por qué se mantiene en el tiempo, qué papel juegan la hiperventilación, la atención y la evitación, y qué tratamientos psicológicos cuentan con evidencia para resolverlo.


Persona junto a la ventana respirando en calma — tratamiento de crisis de pánico y trastorno de pánico online en Chile con Pedro Hübner

1. ¿Qué es una crisis de pánico y qué es el trastorno de pánico?

Las crisis de pánico son episodios discretos de temor o malestar intenso acompañados por síntomas físicos y cognitivos, que aparecen de forma repentina y abrupta y duran un tiempo breve. A diferencia de la ansiedad, que suele crecer de forma gradual, la crisis de pánico se distingue por su inicio súbito y su corta duración, alcanzando su máxima expresión en los primeros diez minutos.

En el lenguaje clínico (DSM), durante una crisis pueden aparecer varios de los siguientes síntomas:

  • Palpitaciones o aceleración del ritmo cardíaco.

  • Sudoración.

  • Temblores o sacudidas.

  • Sensación de ahogo, falta de aliento o atragantamiento.

  • Opresión o malestar en el pecho.

  • Náuseas o molestias abdominales.

  • Mareo, inestabilidad o sensación de desmayo.

  • Hormigueo o sensación de entumecimiento.

  • Escalofríos o sofocaciones.

  • Sensación de irrealidad o de estar separado de uno mismo.

  • Miedo a morir, a volverse loco o a perder el control.

Las crisis aisladas son bastante frecuentes en la población general: muchas personas experimentan una en algún momento de su vida, no le dan mayor importancia, la atribuyen a "estar nervioso" y siguen con su vida. La diferencia entre eso y un trastorno de pánico clínico es que, en el segundo caso, la persona queda preocupada por la crisis, comienza a temer que se repita, y desarrolla un patrón de inquietud y conducta que dura un mes o más. Lo que distingue a la persona con trastorno de pánico de quien sufre pánico ocasional no clínico es la combinación de la ansiedad adicional con cogniciones catastróficas sobre lo que ocurre.

A esto puede sumarse la agorafobia, que es el temor a estar en lugares o situaciones de las que sería difícil escapar o donde no se dispondría de ayuda si apareciera una crisis: aglomeraciones, transporte público, hacer cola, estar solo fuera de casa, conducir en carretera.

2. La distinción clave: ansiedad no es lo mismo que pánico

Aunque en el lenguaje cotidiano se usan como sinónimos, clínicamente la ansiedad y el pánico son fenómenos distintos.

  • La ansiedad es un estado de preparación frente a una amenaza futura. Se caracteriza por tensión crónica, cautela, evitación y alteración del desempeño. Es difusa, sostenida en el tiempo, y suele girar en torno a la pregunta "¿y si pasa algo?".

  • El pánico es la emoción de lucha o escape provocada por una amenaza percibida como inminente. Se caracteriza por descarga autónoma repentina y conducta de lucha o escape. Es discreto, breve, intenso, y en él la persona siente que el peligro está ocurriendo ahora.

Esta distinción importa porque las personas con trastorno de pánico viven en ambos planos al mismo tiempo: tienen crisis discretas (pánico) y, además, una ansiedad anticipatoria crónica entre crisis, que gira alrededor de las preguntas "¿cuándo me va a pasar de nuevo?" y "¿qué voy a hacer cuando suceda?". Esta aprehensión ansiosa, lejos de proteger, aumenta la probabilidad de que aparezca el pánico, porque mantiene a la persona vigilando sus sensaciones corporales y vuelve más disponibles las señales que el cerebro ya aprendió a asociar con el miedo.

Para profundizar en otros cuadros relacionados con la regulación emocional, consulte el artículos sobre depresión y ansiedad.

3. ¿Qué son las "sensaciones temidas" y de dónde vienen realmente?

El núcleo del trastorno de pánico es lo que se ha llamado un temor adquirido a las sensaciones corporales, en particular las asociadas con la activación autónoma del sistema nervioso. La persona deja de tenerle miedo a una situación externa y empieza a tenerle miedo a sus propias sensaciones internas.

El problema es que esas sensaciones, que a la persona le resultan aterradoras, tienen explicaciones perfectamente normales:

  • Taquicardia y palpitaciones. Cuando el cerebro percibe peligro. real o imaginario, el corazón trabaja con más fuerza y rapidez para enviar más sangre a los músculos, prepararlos para huir o luchar y eliminar mejor toxinas. No es señal de un infarto; es el sistema de alarma haciendo lo que la naturaleza diseñó.

  • Falta de aire o ahogo. Lo que se experimenta como falta de aire es, paradójicamente, el efecto de hiperventilar: respirar más rápido y más profundo de lo que el cuerpo necesita en ese momento, lo que aumenta el oxígeno en la sangre. Es lo opuesto a la asfixia.

  • Mareo, visión borrosa, sensación de irrealidad. Son consecuencia de la hiperventilación y de la dilatación de las pupilas (que aumenta la visión periférica para detectar mejor cualquier estímulo). También pueden originarse en una tensión cervical que disminuye el aporte de sangre al cerebro.

  • Hormigueo en extremidades, palidez, manos y pies fríos. La sangre se concentra en las zonas del cuerpo donde sería más necesaria en un peligro real, dejando las extremidades con menos riego. Es un mecanismo evolutivo: si la persona resultara herida, sería menos propensa a desangrarse.

  • Opresión, dolor o pinchazos en el pecho. Tensión de los músculos intercostales por la hiperventilación, contracturas cervicales o dorsales que irradian dolor a esa zona.

  • Calor, sudor, escalofríos. El cuerpo aumenta la temperatura en zonas vitales y activa el sistema de enfriamiento (sudor) anticipándose al esfuerzo físico que vendría si tuviera que huir.

  • Dificultad para pensar con claridad. Cuando la emoción es muy intensa se produce un "secuestro emocional" transitorio: la mente prioriza la respuesta de supervivencia por sobre el procesamiento elaborado. Es funcional y reversible.

Ninguna de estas sensaciones, por sí sola, supone peligro. Lo que las vuelve angustiantes es la interpretación que la persona hace de ellas.

4. El círculo vicioso del pánico

Aquí está la mecánica central del trastorno y, a la vez, la clave de su tratamiento. El círculo del pánico tiene tres puntos:

  • Punto A: sensaciones internas. Aparece una sensación corporal: por ejemplo, palpitaciones por haber subido una escalera, por haber tomado café, o simplemente por estar atento a sí mismo.

  • Punto B: interpretación catastrofista. La persona interpreta esa sensación como evidencia de que algo terrible está ocurriendo: "estoy teniendo un infarto", "me voy a desmayar", "voy a perder el control", "me estoy volviendo loco".

  • Punto C: reacción de alarma. La creencia de estar en peligro activa el sistema de alarma del cuerpo, que produce más sensaciones internas: más taquicardia, más ahogo, más mareo.

Y el círculo se cierra: ese aumento de sensaciones se interpreta como confirmación de que algo grave está pasando, lo que activa con más fuerza la alarma, que produce sensaciones aún más intensas. Las crisis de pánico son una reacción normal del organismo cuando la persona cree que está ante un peligro grave e inminente. El error no está en el cuerpo; está en la evaluación.

Esto significa dos cosas importantes que la persona con trastorno de pánico necesita escuchar con claridad:

  1. Las reacciones que se experimentan en una crisis son normales dado que, en ese momento, la persona está convencida de que se halla en peligro.

  2. La crisis se la provoca uno mismo, al interpretar como amenaza unas sensaciones normales, que aumentan en intensidad solo en la medida en que se cree que se está en peligro.

Esta segunda afirmación no es una culpabilización. Es la base del tratamiento: si el círculo se sostiene por la interpretación, el círculo puede romperse cambiando la interpretación.

5. Las interpretaciones catastrofistas más comunes y por qué no se sostienen

Las cogniciones catastróficas suelen girar en torno a unos pocos temas. Mirarlas a la luz de la evidencia disponible es uno de los primeros pasos del tratamiento.

  • "Me voy a volver loco." La psicosis (esquizofrenia y otros cuadros) implica síntomas como delirios y alucinaciones que llaman la atención de cualquier persona del entorno y de cualquier profesional de salud. No guardan ningún parecido con los síntomas del pánico. Además, las personas con cuadros psicóticos no temen volverse locas; han perdido la capacidad de notar que algo no está bien. Es imposible volverse loco como consecuencia de tener crisis de pánico.

  • "Voy a perder el control." Para algunas personas significa hacer algo socialmente inadecuado (gritar, correr) o peligroso. Pero durante las crisis la persona actúa con total lógica si se considera que, en ese momento, cree y siente estar en una situación de emergencia. La conducta sigue siendo coherente con la creencia.

  • "Estoy teniendo un infarto." El infarto presenta síntomas similares en algunos aspectos. Pero a diferencia de un evento cardíaco, los síntomas de pánico no empeoran con el ejercicio ni mejoran con el reposo de la misma manera. Y, sobre todo, los infartos se detectan con pruebas médicas: un electrocardiograma normal y una evaluación cardiológica sin hallazgos son evidencia muy fuerte de que no hay problema cardíaco. Las crisis de pánico no dañan el corazón; los deportistas mantienen frecuencias cardíacas mucho más altas durante años sin que eso aumente su riesgo cardiovascular.

  • "Me voy a asfixiar." En las crisis ocurre lo contrario a la asfixia: hay hiperventilación, es decir, exceso de oxígeno. Las crisis mejoran con respiración diafragmática lenta porque esto reduce la hiperventilación.

  • "Me voy a desmayar." Durante una crisis sube ligeramente la tensión arterial; el desmayo, en cambio, implica que la tensión baja. La probabilidad de desmayo en una crisis de pánico es muy baja. Y aunque ocurriera, no supondría un peligro mayor: las personas que se desmayan por otras causas no desarrollan miedo al desmayo en sí.

  • "No voy a poder soportar tanta ansiedad." Muchas personas creen que la ansiedad puede crecer indefinidamente. Pero al llegar a cierto punto la reacción de alarma se desactiva por sí misma, aunque no hagamos nada. El cuerpo no puede sostener ese nivel de activación de manera permanente.

  • "Esto va a dañar mi sistema nervioso." La ansiedad de las crisis de pánico no daña el sistema nervioso. Es una respuesta normal con la que la naturaleza dotó al organismo, que está diseñado precisamente para resistirla.

6. El "doble sistema de creencias" y por qué la crisis y la calma se sienten tan distintas

Una experiencia muy común en quienes viven con trastorno de pánico es que, durante la crisis, creen profundamente que están en peligro; pero cuando están tranquilos, son capaces de ver que la explicación realista tiene sentido. Esto es lo que se ha llamado "doble sistema de creencias".

Una metáfora útil viene de la psicología cognitiva: la mente funciona, en algunos aspectos, como un computador. Las creencias y los "programas mentales" pueden estar activados o desactivados. El "programa del pánico", que incluye la tendencia a interpretar como peligrosas ciertas sensaciones internas, está activo durante la crisis y archivado en la memoria entre crisis. Y solo se puede modificar un programa cuando está activado.

Esto explica algo que muchas personas viven con frustración: leer sobre pánico, entender la lógica del círculo vicioso e incluso recordar todas las explicaciones realistas no impide que la próxima crisis aparezca. Lo intelectual no basta. Para reescribir el programa hay que activarlo, exponerse a las sensaciones temidas en un contexto seguro, y comprobar, no solo razonar, que nada de lo temido ocurre.

7. ¿Cómo se mantiene el pánico? El papel de la atención y de la evitación

Después de tener una primera crisis, la persona suele quedar con miedo a que se repita. Y ese miedo activa dos mecanismos que, paradójicamente, hacen más probable que se repita.

7.1 La atención focalizada en las sensaciones

El miedo a que vuelva a pasar produce una vigilancia constante de las sensaciones corporales. La persona empieza a "escuchar" su cuerpo todo el tiempo: monitorea su pulso, su respiración, las sensaciones del pecho, si siente mareo, si percibe el ambiente "raro". Y al focalizar la atención en las sensaciones, la probabilidad de captarlas aumenta. Cualquiera puede comprobarlo: si uno se concentra en su latido cardíaco, empieza a sentirlo. Si uno se concentra en su respiración, empieza a notarla.

Esto activa el círculo vicioso: la sensación detectada gatilla la interpretación catastrofista, que activa la alarma, que produce más sensaciones, y así sucesivamente.

7.2 La evitación y las conductas de seguridad

El segundo mecanismo es la evitación. Si la persona cree que las sensaciones son peligrosas, tiende a evitar todo lo que pueda producirlas:

  • Evitación de actividades: dejar de hacer ejercicio, dejar de tomar café, evitar saunas o ambientes calurosos, evitar películas que generen activación.

  • Evitación de situaciones: dejar de ir a aglomeraciones, no usar transporte público, no conducir en autopista, no ir a lugares donde sería difícil "salir rápido".

  • Conductas de seguridad: llevar siempre un ansiolítico encima por si acaso, salir solo acompañado de alguien de confianza, sentarse cerca de la salida, llevar agua, llevar el celular siempre cargado, conocer dónde queda el centro de salud más cercano.

  • Conductas durante la crisis: ir a urgencias, tomar medicación de rescate, sentarse para "no desmayarse", llamar a alguien.

Todas estas conductas funcionan en el corto plazo: reducen la ansiedad inmediata. Por eso se repiten. Pero a largo plazo fortalecen el problema porque impiden que la persona compruebe que las consecuencias temidas no son reales. Si uno toma un ansiolítico y la crisis pasa, queda convencido de que fue el ansiolítico el que evitó la catástrofe, cuando en realidad la crisis habría pasado de todas formas. Las creencias catastrofistas se quedan intactas, esperando la próxima oportunidad para activarse.

Lo mismo ocurre con la agorafobia: si la persona evita el supermercado y "no le pasa nada", la creencia de que el supermercado era peligroso se refuerza, en lugar de debilitarse. Cuanto más se deja que una creencia irracional gobierne el comportamiento, más fuerte se vuelve esa creencia.

8. La hiperventilación y el papel de la respiración

Un componente fisiológico clave en muchas crisis es la hiperventilación: respirar más rápido o más profundo de lo que el cuerpo necesita en un momento dado. Esto baja el nivel de dióxido de carbono en la sangre, estrecha ciertos vasos sanguíneos y produce un conjunto de sensaciones: mareo, hormigueo, ahogo paradójico, irrealidad, opresión torácica, que se parecen mucho a las sensaciones temidas.

Muchas personas con trastorno de pánico hiperventilan ligeramente durante largos periodos sin darse cuenta. Y aunque solo cerca del 50% de los pacientes muestra una caída fisiológica medible del CO₂ durante las crisis, el patrón respiratorio sigue siendo un factor relevante en buena parte de los casos.

Lo importante: la hiperventilación no es peligrosa. De hecho, en los tratamientos con evidencia se utiliza deliberadamente para inducir las sensaciones temidas y trabajar sobre ellas. Y aprender a respirar de forma diafragmática lenta, respiración baja, abdominal, lenta y pausada, es una de las técnicas más eficaces para reducir la activación inicial de la ansiedad y ganar la sensación de que se puede ejercer algo de control sobre el cuerpo.

Ahora bien, es importante saber esto desde el principio del tratamiento: la respiración diafragmática no es la solución de fondo. Es una herramienta de las primeras etapas, útil para sostener mientras se hace el trabajo más profundo. Más adelante, cuando la persona ha aprendido que las sensaciones no son peligrosas, ya no la necesita y de hecho dejar de depender de ella es parte del progreso, porque seguir usándola como amuleto la convertiría en una conducta de seguridad más.

9. ¿Qué tratamientos psicológicos funcionan para el pánico?

El trastorno de pánico es uno de los cuadros mejor estudiados de la psicología clínica, y la terapia cognitivo conductual es el tratamiento con mayor evidencia. Un protocolo estándar se desarrolla típicamente en alrededor de doce sesiones, e incluye los siguientes componentes:

9.1 Educación

El tratamiento empieza entregando información sobre la naturaleza del trastorno: qué es la respuesta de lucha o huida, por qué cada sensación corporal aparece, cuál es su valor adaptativo. El propósito es corregir los mitos y conceptos erróneos que están alimentando el problema (las creencias de que uno se va a volver loco, a morir o a perder el control). Esta sección del artículo, de hecho, es una versión condensada de esa primera fase del tratamiento.

9.2 Automonitoreo

Llevar un registro diario de los ataques de pánico (señales que los precedieron, malestar máximo, síntomas, pensamientos, conductas) y un registro general del estado de ánimo. Esto cumple dos funciones: por un lado, el automonitoreo continuo contribuye a estimaciones más precisas y menos exageradas de lo que está ocurriendo; por otro, da material concreto para trabajar en sesión.

9.3 Reentrenamiento de la respiración

Como se explicó antes: aprender respiración diafragmática lenta para reducir la hiperventilación y la activación, especialmente al inicio del tratamiento.

9.4 Reestructuración cognitiva

Identificar las cogniciones catastróficas asociadas a las sensaciones y a las situaciones agorafóbicas, examinar la evidencia que las apoya y la que las contradice, y generar interpretaciones alternativas más realistas. La evidencia sugiere que la reestructuración cognitiva es tan eficaz como la exposición para reducir los síntomas de pánico, aunque idealmente se combinan.

9.5 Exposición in vivo

Exposición real, repetida y sistemática a las situaciones que se han estado evitando. Habitualmente se hace de manera graduada, avanzando desde las situaciones que provocan menos ansiedad hacia las que provocan más, organizadas en una "jerarquía". La exposición es uno de los componentes más potentes del tratamiento.

Para que funcione hay condiciones específicas: las prácticas no deben ser azarosas, breves o demasiado espaciadas; no se deben suspender por la aparición de ansiedad (porque eso reforzaría justamente la evitación que se quiere extinguir); idealmente se hacen al menos tres veces por semana; y deben mantenerse independientemente de factores como "tener un mal día" o "estar muy ocupado".

9.6 Exposición interoceptiva

Esta es una de las técnicas más características y, posiblemente, una de las menos conocidas para el público general. Consiste en inducir deliberadamente las sensaciones físicas temidas, en sesión y como tarea, hasta que la persona aprenda que esas sensaciones no son dañinas y que la ansiedad puede tolerarse.

Los ejercicios estándar incluyen: hiperventilar voluntariamente durante un minuto, girar en una silla giratoria, sacudir la cabeza, contener la respiración, correr en el lugar, tensar todo el cuerpo, respirar a través de una pajilla estrecha. Después de cada ejercicio se registra el nivel de ansiedad, la intensidad de las sensaciones y su parecido con las que ocurren naturalmente durante una crisis. Los ejercicios que producen sensaciones similares al pánico real se repiten sistemáticamente.

Es esencial que la persona soporte las sensaciones por al menos 30-60 segundos después de haberlas notado, porque si termina antes pierde la oportunidad de aprender que las sensaciones no son dañinas y que la ansiedad se puede tolerar.

9.7 Aceptación

Un componente más reciente, congruente con la exposición, es animar a los pacientes a mantener una actitud abierta y no crítica hacia los pensamientos, sentimientos y sensaciones que aparezcan durante la exposición, experimentarlos por lo que son, sin tratar de disminuirlos ni de pensar en ellos de un modo distinto en el momento. La aceptación no compite con la exposición; la complementa.

10. Lo que la persona necesita escuchar al inicio

Hay tres ideas que el tratamiento entrega temprano y que conviene tener presentes desde el principio:

  • No es necesario entender por qué empezaron las crisis para superarlas. Los factores que originaron el inicio del trastorno no son necesariamente los mismos que lo están manteniendo ahora. La energía terapéutica se concentra en lo que sostiene el problema en el presente, no en buscar una explicación de fondo del pasado.

  • Las crisis no son peligrosas. El sistema de alarma con el que la naturaleza dotó al organismo no produce daño. Si una persona ha tenido muchas crisis a lo largo de los años, puede comprobarlo en su propia experiencia: nunca le pasó nada de lo que temía.

  • El objetivo del tratamiento no es eliminar la ansiedad. Cierto nivel de ansiedad es útil y necesario; permite afrontar desafíos y de hecho mejora el rendimiento en momentos importantes. El objetivo es dejar de hacer falsas evaluaciones de peligro, para que el sistema de alarma deje de activarse cuando no hay un peligro real.

Puntos clave antes de iniciar un tratamiento para crisis de pánico

Si está considerando iniciar un proceso terapéutico por crisis de pánico o agorafobia, hay cinco aspectos que conviene tener presentes:

  1. Antes de iniciar el tratamiento psicológico, descarte causas médicas. Aunque la mayoría de los casos son funcionales y reversibles con psicoterapia, ciertas condiciones médicas pueden producir síntomas similares. Una evaluación médica reciente que descarte problemas cardíacos, tiroideos u otros es un paso lógico al inicio.

  2. El tratamiento del pánico tiene un protocolo claro y evidencia muy sólida. Esto no significa que sea fácil ni cómodo, pero sí significa que es un cuadro tratable: la mayoría de las personas que completan un protocolo bien hecho mejoran sustantivamente.

  3. El componente más activo del tratamiento es la exposición, no la conversación. Hablar de las crisis ayuda, pero lo que produce el cambio profundo es exponerse de manera sistemática a las sensaciones y situaciones temidas. Si se busca una terapia que solo converse, el resultado va a ser limitado.

  4. Cuidado con el rol de la medicación. Los ansiolíticos pueden aliviar en el corto plazo, pero pueden actuar como señales de seguridad que mantienen las creencias catastrofistas intactas. Si se usa medicación, idealmente se combina con psicoterapia y se planifica desde el inicio cómo se irá retirando para que el aprendizaje terapéutico se generalice. Esto debe coordinarse con un psiquiatra.

  5. Los progresos pueden ser irregulares. No es realista esperar una mejoría lineal. Habrá semanas mejores y peores, recaídas parciales y avances inesperados. Lo que se mide a largo plazo es la tendencia, no la sesión a sesión.

Si necesita orientación sobre si un tratamiento bajo enfoque cognitivo conductual es el camino adecuado para su situación, puede escribir directamente.

Preguntas frecuentes sobre crisis de pánico y trastorno de pánico

¿Las crisis de pánico pueden hacerme daño físico? No. La activación que ocurre durante una crisis es la misma que el cuerpo produce ante cualquier amenaza percibida, el sistema de "lucha o huida" y el organismo está diseñado evolutivamente para tolerarla. Numerosas investigaciones lo respaldan. Si una persona ha tenido muchas crisis a lo largo de meses o años, puede comprobarlo en su propia experiencia: nunca le ha ocurrido la catástrofe que temía.

¿Por qué siento que me va a dar un infarto si no tengo nada del corazón? Porque algunos síntomas de la crisis (taquicardia, opresión en el pecho, sudoración, sensación de muerte inminente) se parecen a los de un evento cardiovascular. La diferencia central es que un infarto se confirma con pruebas médicas: si la evaluación cardiológica fue normal, esa es la información válida. La sensación de "esto es real" durante la crisis no es evidencia de un problema cardíaco; es evidencia de que el sistema de alarma está activo.

¿La hiperventilación puede asfixiarme o causarme un derrame? No. La hiperventilación es respirar más de lo que el cuerpo necesita en un momento dado, y es exactamente lo opuesto a la asfixia (hay exceso de oxígeno, no falta). Sus efectos son incómodos pero benignos, y se utilizan deliberadamente como herramienta dentro del tratamiento del trastorno de pánico.

¿Cuánto tiempo dura una crisis? Las crisis alcanzan su máxima intensidad en los primeros diez minutos y luego decrecen. Aunque la sensación subjetiva puede ser de mucho más tiempo, fisiológicamente el cuerpo no puede sostener ese nivel de activación de manera prolongada: la respuesta de alarma se desactiva por sí sola, aunque la persona no haga nada por detenerla.

¿Tomar un ansiolítico no es la solución más simple? Es una solución parcial y de corto plazo. Los ansiolíticos pueden ser útiles, especialmente al inicio o en combinación con psicoterapia, pero presentan tres problemas si son la única estrategia: el éxito tiende a atribuirse al medicamento y no al aprendizaje propio (lo que aumenta el riesgo de recaída al suspenderlo); pueden funcionar como señales de seguridad que mantienen las creencias catastrofistas intactas; y reducen la motivación para practicar habilidades cognitivo conductuales, que son el factor que produce cambios duraderos. Si va a usar medicación, lo recomendable es coordinarlo con un psiquiatra y combinarlo con psicoterapia.


¿La terapia para crisis de pánico se puede hacer online? Sí. La modalidad online es una alternativa válida para el tratamiento del trastorno de pánico. La efectividad depende del enfoque, de la alianza terapéutica y del compromiso del consultante con el proceso (especialmente con las tareas de exposición entre sesiones), no de si la sesión es presencial o por videollamada. Para casos con agorafobia severa que dificulta salir de casa, la modalidad online puede incluso facilitar el inicio del tratamiento.


¿Mi pareja o familia debería participar en el tratamiento? En casos con agorafobia o cuando el entorno cercano se ha visto involucrado en las conductas de evitación, suele ser útil incluir a una persona significativa, idealmente como "entrenador" para las prácticas de exposición. Esto se evalúa caso a caso. No siempre es necesario, pero cuando lo es, mejora los resultados.


¿Es posible recaer después de superar el trastorno de pánico? Las recaídas parciales son posibles, sobre todo en momentos de estrés vital alto. Por eso la última fase del tratamiento incluye trabajo específico de prevención de recaídas: identificar señales tempranas, repasar las habilidades aprendidas y tener una "plantilla de afrontamiento" lista para situaciones de alto riesgo. Tener una recaída no significa que el tratamiento no funcionó; significa que las habilidades necesitan reactivarse.


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La información contenida en este artículo tiene un propósito exclusivamente informativo y general. No constituye un diagnóstico, una indicación clínica ni reemplaza la consulta con un profesional de la salud mental respecto de su situación particular. Si está atravesando una crisis o experimentando ideación suicida, contacte de inmediato a Salud Responde (600 360 7777, opción 1) o acuda al servicio de urgencia más cercano.

 
 
 

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