Por qué tengo ansiedad: los cinco factores que la mantienen encendida y qué hacer con cada uno
- Pedro Hubner
- 27 jul
- 14 min de lectura
La pregunta "por qué tengo ansiedad" suele buscar una causa de origen: un evento, un rasgo heredado, una etapa difícil. Pero en la práctica clínica hay una pregunta más útil, y es otra: qué está manteniendo encendida esa ansiedad hoy. Los factores que originaron el problema y los que lo sostienen en el presente rara vez son los mismos, y son estos últimos los que se pueden modificar. Este artículo explica qué es la ansiedad y para qué sirve, por qué se dispara cuando no corresponde, cuáles son los cinco factores que la mantienen activa (sobreestimación de la amenaza, foco de atención, ansiedad por la ansiedad, evitación y conductas de seguridad) y qué hacer concretamente con cada uno.

1. La ansiedad no es el problema: es una alarma que funciona bien
La vida no es tranquila y no lo va a ser. Aparecen imprevistos, hay días que se complican y situaciones que no se pueden anticipar. La meta razonable no es dejar de sentir ansiedad ni volver la vida predecible, sino contar con recursos para sostener lo que aparece.
La ansiedad es una emoción normal que todas las personas sienten, y cumple bien su función. Frente a algo que el cerebro evalúa como peligroso, el cuerpo hace tres cosas casi al mismo tiempo:
Energía. Libera un impulso rápido para responder: sube la frecuencia cardíaca, aumenta el flujo de sangre a los músculos grandes.
Alerta. Tensa la musculatura y deja al organismo preparado para actuar.
Foco. Dirige la atención hacia el peligro y desconecta lo que en ese momento parece secundario.
Nada de eso es un defecto. Es un sistema de alarma que la evolución instaló porque funciona. El problema aparece cuando la alarma se queda encendida, o cuando suena frente a cosas que no constituyen una amenaza real.
Esta distinción es importante desde el principio, porque muchas personas llegan a consulta con el objetivo equivocado: eliminar la ansiedad. Un objetivo así no solo es inalcanzable; además intensifica el problema, porque convierte la propia ansiedad en algo que hay que evitar. El objetivo realista es otro: que la alarma deje de activarse cuando no hay peligro y que, cuando se active, la persona sepa qué hacer con ella.
2. Por qué aparece: riesgo percibido y recursos percibidos
Una manera simple y clínicamente útil de mirar la ansiedad es entenderla como el resultado de una relación entre dos evaluaciones:
Ansiedad = riesgo percibido / recursos percibidos
La palabra clave es percibido. La ansiedad no responde al riesgo objetivo de una situación, sino a cómo la persona lo evalúa; y no responde a los recursos que efectivamente tiene, sino a los que cree tener disponibles en ese momento.
Cuando la ansiedad sube, casi siempre ocurren las dos cosas a la vez: el riesgo se agranda y los recursos se achican. La persona sobreestima lo que puede salir mal y, al mismo tiempo, subestima su propia capacidad de manejarlo.
2.1 Causas de origen y factores de mantenimiento
Conviene separar dos preguntas que suelen confundirse.
Por qué se desarrolló. Aquí entran factores que la investigación clínica ha documentado con solidez: una vulnerabilidad biológica heredada, es decir, la tendencia disposicional a experimentar emociones displacenteras con más intensidad; experiencias tempranas que enseñaron que los sucesos negativos son impredecibles e incontrolables, y aprendizajes específicos que determinaron qué tipo de experiencia interna se volvió especialmente amenazante para esa persona. Este modelo, conocido como teoría de la triple vulnerabilidad, se desarrolla con detalle en el artículo sobre ansiedad y depresión y su mecanismo de fondo compartido.
Por qué sigue activa hoy. Esta es la pregunta operativa, y su respuesta es distinta. La ansiedad se mantiene por un conjunto acotado de mecanismos que se retroalimentan entre sí, y que además tienen algo en común: son modificables.
No es necesario entender por qué empezó la ansiedad para poder resolverla. Es un punto que suele generar resistencia, porque contradice la intuición de que primero hay que encontrar la causa. Pero en los tratamientos con evidencia, la energía terapéutica se concentra en lo que sostiene el problema en el presente.
3. Los cinco factores que mantienen encendida la ansiedad
La ansiedad no se sostiene sola. Estos cinco factores la mantienen activa y casi siempre aparecen juntos. Reconocer cuál se está activando en cada momento es lo que abre la posibilidad de hacer algo distinto.
3.1 Sobreestimación de la amenaza
"Va a salir pésimo y no voy a poder."
La "mente" ansiosa es muy buena calculando lo que puede salir mal y bastante mala calculando de qué es capaz la persona. Ocurren dos operaciones simultáneas: se agranda la probabilidad de que el resultado temido ocurra, y se descuentan todas las veces en que la persona ya salió adelante en situaciones parecidas.
En términos clínicos, estas son las dos valoraciones inadecuadas más características de los cuadros ansiosos: sobreestimar la probabilidad de que ocurra un hecho negativo y catastrofizar las consecuencias si llegara a ocurrir. Y son distintas entre sí, por lo que conviene mirarlas por separado. Una persona puede tener una estimación razonable de la probabilidad ("es poco probable que me equivoque en la presentación") y aun así vivir con mucha ansiedad porque catastrofiza el costo ("pero si me equivoco, se acaba mi credibilidad para siempre").
Qué ayuda. Bajar de la sensación a los hechos. ¿Qué tan probable es esto realmente, con datos y no con la sensación? ¿Ha pasado antes? ¿Cómo lo manejé esa vez? El trabajo no consiste en "pensar en positivo", sino en generar valoraciones alternativas y comprobar cuál se sostiene mejor con la evidencia disponible.
3.2 El foco de atención
"Estoy pendiente de todo, y de mí."
La atención se estrecha y se reorganiza en dos direcciones, ambas problemáticas.
Hacia afuera, la persona escanea el ambiente en busca de cualquier señal de amenaza y deja de registrar las señales de que las cosas están funcionando bien. En una reunión detecta el gesto de desaprobación y no registra los cinco gestos de acuerdo. La información que llega al sistema queda sesgada, y esa información sesgada confirma la evaluación de peligro.
Hacia adentro, la atención se vuelve autofocalizada: la persona monitorea cómo se ve, cómo suena, si se le nota la ansiedad, si lo está haciendo bien. Esta autoobservación consume recursos cognitivos que dejan de estar disponibles para la tarea real, con lo cual el desempeño efectivamente empeora, lo que a su vez confirma el temor inicial.
Hay además un efecto que cualquier persona puede comprobar por sí misma: la atención fabrica sensación. Si uno se concentra en su latido cardíaco, empieza a sentirlo. Si se concentra en su respiración, empieza a notarla como irregular. Monitorear el cuerpo aumenta la probabilidad de detectar sensaciones que estaban ahí todo el tiempo sin generar ningún problema.
Qué ayuda. Llevar la atención hacia afuera de manera deliberada, hacia lo que está ocurriendo de verdad y hacia la persona que se tiene al frente, en lugar de hacia el propio monitoreo interno. No es una técnica de distracción: es reasignar la atención a la tarea.
3.3 La ansiedad por la ansiedad
"Esto que estoy sintiendo es peligroso."
Aparece una sensación (taquicardia, opresión en el pecho, mareo), la persona la lee como señal de que algo malo viene, y esa lectura produce más ansiedad, que intensifica la sensación, que confirma la lectura. La alarma termina sonando por la alarma misma.
Este factor se conoce clínicamente como sensibilidad a la ansiedad: el temor a las propias sensaciones de activación, sostenido por la creencia de que tienen consecuencias físicas, psicológicas o sociales dañinas. Es uno de los predictores mejor documentados del desarrollo y mantenimiento de los cuadros ansiosos.
Cuando este mecanismo se vuelve el núcleo del problema y las crisis se hacen recurrentes, el cuadro suele corresponder a un trastorno de pánico, que tiene su propia lógica y su propio protocolo de tratamiento. Ese mecanismo se desarrolla en detalle en el artículo sobre crisis de pánico y trastorno de pánico.
Qué ayuda. Revisar qué cree la persona sobre su propia ansiedad. La activación sube, se sostiene un rato y baja. Siempre baja: el cuerpo no puede mantener ese nivel de activación de manera indefinida, aunque no se haga nada para detenerla. Saber esto no basta, porque lo intelectual rara vez alcanza, pero es el punto de partida para comprobarlo en la propia experiencia.
3.4 La evitación
"Mejor mañana, hoy no estoy."
Evitar funciona, y ese es exactamente el problema. El alivio es inmediato y confiable, y por eso la conducta se repite. Pero ese alivio le enseña al sistema dos cosas falsas: que había un peligro real, y que evitarlo fue lo que salvó a la persona.
Así, cada evitación deja la creencia catastrofista intacta y esperando. La próxima vez cuesta un poco más, el rango de situaciones evitadas se amplía, y el mundo se hace progresivamente más chico. Cuanto más se deja que una creencia irracional gobierne el comportamiento, más fuerte se vuelve esa creencia.
La evitación toma formas que no siempre son evidentes:
Evitación manifiesta. No ir a la reunión, no contestar el teléfono, postergar la conversación, cancelar el viaje.
Evitación conductual sutil. Llegar tarde para no quedar primero, no hacer contacto visual, hablar bajo.
Evitación cognitiva. Distraerse, desconectarse mentalmente, revisar conversaciones del pasado.
Qué ayuda. Acercarse de a poco, en pasos que se puedan sostener, para comprobar con la propia experiencia qué ocurre realmente.
3.5 Las conductas de seguridad
"No pasó nada porque me quedé cerca de la puerta."
Son las cosas pequeñas que la persona hace para que no ocurra lo que teme, o para sentir menos ansiedad mientras está en la situación: llevar algo por si acaso, ensayar cada frase antes de decirla, quedarse cerca de la salida, revisar varias veces, ir siempre acompañado, tener un ansiolítico en el bolso sin llegar a tomarlo.
Son el factor más difícil de detectar de los cinco, porque a diferencia de la evitación, aquí la persona sí está enfrentando la situación. Aparentemente está haciendo lo correcto.
La diferencia con el afrontamiento sano no está en la conducta, sino en su efecto. La conducta de seguridad intensifica la creencia en lugar de debilitarla: cuando no pasa nada malo, la persona atribuye ese resultado a la conducta y no a que la amenaza era menor de lo que pensaba. El aprendizaje correctivo no ocurre. La persona expuso el cuerpo a la situación, pero protegió la creencia.
Esto explica una experiencia frustrante y muy común: alguien que lleva años enfrentando situaciones temidas con sus estrategias de siempre, y que sigue igual de ansioso. La exposición ocurrió; el aprendizaje, no.
Qué ayuda. Reconocerlas primero, con dos preguntas: ¿qué hago para sentir menos ansiedad en esta situación?, y ¿a qué le atribuí que no pasara nada? Después, soltarlas de a poco, para que el aprendizaje quede en la persona y no en la muleta.
4. El círculo: por qué la ansiedad se alimenta a sí misma

Los cinco factores no operan en paralelo: se encadenan. El circuito típico tiene cuatro puntos y se cierra sobre sí mismo.
Aparece una sensación. Puede tener un origen perfectamente trivial: haber subido una escalera, haber tomado café, estar cansado, o simplemente estar atento al propio cuerpo.
La persona se enfoca en ella. El foco atencional la amplifica y la vuelve más nítida.
La lee como peligro. La sobreestimación de la amenaza convierte la sensación en señal de que algo malo está por ocurrir.
Sube la ansiedad. La alarma se activa y produce más sensaciones físicas.
Y vuelve a empezar, con más intensidad en cada vuelta. La evitación y las conductas de seguridad intervienen al final del ciclo: alivian, interrumpen la escalada, y al hacerlo impiden que la persona compruebe qué habría pasado si se hubiera quedado. El círculo queda intacto, listo para la próxima vez.
5. La curva: qué ocurre si evita y qué ocurre si permanece

Hay un segundo gráfico que conviene tener presente, porque contradice la intuición de la mayoría de las personas.
Si la persona evita, la ansiedad baja de inmediato. La curva cae en picada. Es un alivio real y por eso resulta tan reforzante. Pero la próxima vez que aparezca esa situación, la curva parte más arriba: la evitación no descargó nada, subió la línea base.
Si la persona permanece, la ansiedad sube, alcanza un peak, se sostiene un rato y luego baja sola. Sin hacer nada especial. Y baja porque el organismo no puede sostener ese nivel de activación de manera prolongada.
La diferencia importante está en lo que queda después. Salir en el peak deja la creencia intacta: la persona nunca llegó a comprobar cómo terminaba. Darle tiempo a que baje es lo que permite que aparezca el aprendizaje nuevo.
6. Qué se puede ir probando en el día a día
No hay que hacerlo todo ni hacerlo perfecto. Basta con empezar por donde se pueda y repetirlo.
6.1 Primero, mirar lo que se está anticipando
Las subidas de ansiedad se pueden usar como una señal para revisar qué se está esperando que ocurra, en lugar de tomarlas como confirmación de que algo malo viene. Estas cinco preguntas ayudan a bajar de la sensación a los hechos:
¿Qué es exactamente lo que temo? (Con precisión: no "que salga mal", sino qué específicamente.)
¿Qué tan probable es, con datos y no con la sensación?
¿Ha pasado antes? ¿Cómo lo manejé?
Si pasara, ¿qué haría?
¿Qué es lo peor, lo mejor y lo más probable que puede ocurrir?
La quinta pregunta es la que más suele mover: la "mente" ansiosa trabaja casi siempre con el escenario peor, y rara vez se detiene a estimar el más probable.
6.2 Luego, acercarse a lo que se ha estado evitando
Cuatro movimientos que funcionan mejor combinados que por separado:
La escalera. Ordenar de menos a más difícil lo que se ha estado evitando y partir por un escalón que mueva algo pero que se pueda sostener. Un buen punto medio es que la situación sea lo bastante incómoda como para que se aprenda algo, y lo bastante manejable como para poder permanecer en ella.
Sin muletas. Identificar la conducta de seguridad que se usa en esa situación específica y probar sin ellas. Es esperable que la ansiedad suba un poco al principio; esa subida es precisamente la condición para que el aprendizaje ocurra.
Atención afuera. Durante la situación, poner el foco en lo que está ocurriendo y en quien se tiene al frente, no en cómo se lo está haciendo.
Permanecer hasta que baje. No salir en el peak. Darle tiempo suficiente para comprobar que la curva desciende sola.
6.3 Anotar en vez de recordar
La memoria de la ansiedad es poco fiable: guarda con nitidez lo mal que se pasó y borra cómo terminó. Por eso muchas personas acumulan decenas de experiencias en que nada de lo temido ocurrió, y siguen igual de convencidas de que la próxima vez sí ocurrirá.
Anotar en el momento devuelve datos reales. Un registro simple, de cuatro columnas, basta:
Situación | Qué creí que pasaría | Ansiedad (0-100) | Qué pasó realmente |
Con el tiempo, la persona va acumulando su propia evidencia. Y esa evidencia propia pesa mucho más que cualquier explicación que pueda entregar un profesional.
7. Cuándo la ansiedad deja de ser normal y conviene consultar
La ansiedad es una emoción esperable, de modo que la pregunta no es si aparece, sino si se ha vuelto un problema. Algunas señales orientadoras:
Interferencia. La ansiedad está limitando decisiones cotidianas: qué trabajos postular, qué invitaciones aceptar, dónde ir, con quién hablar.
Persistencia. Se sostiene durante meses, no en relación con un evento puntual que ya pasó.
Desproporción. La intensidad no guarda relación con el riesgo real de la situación, y la persona lo reconoce cuando está tranquila.
Expansión. El rango de situaciones evitadas se ha ido ampliando con el tiempo.
Síntomas físicos sostenidos. Tensión muscular, alteración del sueño, molestias digestivas, fatiga persistente.
Estrategias de manejo que empiezan a ser un problema en sí mismas. Uso de alcohol para regularse, aislamiento.
Si la ansiedad se acompaña de dificultades para dormir sostenidas en el tiempo, conviene revisar también el artículo sobre insomnio y dificultades del sueño, porque ambos cuadros se retroalimentan y el tratamiento del sueño tiene un protocolo propio.
8. Qué hace un tratamiento psicológico con estos factores
La terapia cognitivo conductual es el enfoque con mayor respaldo empírico para los cuadros ansiosos, y trabaja directamente sobre los cinco factores descritos. En términos gruesos, un proceso incluye:
Psicoeducación. Entender cómo funciona la alarma, por qué aparece cada sensación y cuál es su función. Buena parte de este artículo corresponde a esa primera fase.
Automonitoreo. El registro sistemático, que cumple dos funciones: produce estimaciones más precisas y menos exageradas, y entrega material concreto para trabajar en sesión.
Flexibilidad cognitiva. Identificar las valoraciones automáticas, examinar la evidencia a favor y en contra, y generar interpretaciones alternativas. La meta es la flexibilidad, no forzar conclusiones optimistas.
Identificación y retirada de conductas de evitación y seguridad. Habitualmente el componente más incómodo y el más determinante.
Exposición graduada. Sistemática, repetida y sostenida, organizada en una jerarquía. Es el componente más potente del tratamiento, y el que exige que el trabajo continúe entre sesiones.
Prevención de recaídas. Identificar señales tempranas y dejar preparada una respuesta para momentos de estrés vital alto.
Este trabajo se realiza en atención psicológica para adultos en modalidad online, con un promedio de 16 sesiones (±8 según cada caso).
Puntos clave antes de trabajar sobre la ansiedad
Si está considerando iniciar un proceso por ansiedad, hay cinco aspectos que conviene tener presentes:
El objetivo no es eliminar la ansiedad. Cierto nivel de activación es útil y mejora el rendimiento en momentos importantes. El objetivo es dejar de hacer evaluaciones falsas de peligro, para que la alarma deje de sonar cuando no corresponde. Plantearse "no sentir ansiedad" como meta intensifica el problema.
Identifique cuál de los cinco factores pesa más en su caso. Es habitual identificarse con uno y descubrir, al avanzar, que el determinante era otro. Las conductas de seguridad, en particular, suelen pasar desapercibidas porque se confunden con afrontamiento.
Entender no es suficiente. Leer sobre ansiedad, comprender el círculo y recordar todas las explicaciones realistas no impide que la próxima subida aparezca. Los patrones automáticos operan más rápido que la reflexión consciente. El cambio viene de la práctica repetida, no de la comprensión.
Descarte causas médicas si hay síntomas físicos marcados. Algunas condiciones, como las tiroideas o las cardíacas, producen síntomas similares. Una evaluación médica reciente es un paso lógico al inicio.
Los progresos son irregulares. Habrá semanas mejores y peores, retrocesos parciales y avances inesperados. Lo que se mide es la tendencia, no la sesión a sesión.
Si necesita orientación sobre si un proceso bajo enfoque cognitivo conductual es el camino adecuado para su situación, puede escribir directamente.
Preguntas frecuentes sobre la ansiedad y lo que la mantiene
¿Por qué tengo ansiedad si no me está pasando nada malo? Porque la ansiedad no responde al riesgo objetivo de la situación, sino a cómo el sistema de alarma la evalúa. Esa evaluación puede activarse por una sensación corporal trivial, por una anticipación, por un recuerdo, o por acumulación de tensión sostenida sin un desencadenante identificable. La ausencia de un motivo evidente no significa que la ansiedad sea injustificada ni que "esté en la cabeza": significa que la alarma está calibrada para dispararse con umbrales muy bajos.
¿La ansiedad puede hacerme daño físico? La activación que ocurre en un episodio de ansiedad es la misma que el cuerpo produce ante cualquier amenaza percibida, y el organismo está diseñado evolutivamente para tolerarla. Lo que sí conviene atender es la ansiedad sostenida durante largos periodos, por su impacto en el sueño, la tensión muscular y el desgaste general. Ese es un argumento para tratarla, no para temerle al episodio en sí.
¿Cuál es la diferencia entre ansiedad y crisis de pánico? La ansiedad es un estado de preparación frente a una amenaza percibida como futura: es difusa, sostenida en el tiempo y gira en torno a la pregunta "¿y si pasa algo?". La crisis de pánico es un episodio discreto, de inicio súbito, que alcanza su máxima intensidad en los primeros diez minutos, y en el que la persona siente que el peligro está ocurriendo ahora. Son fenómenos distintos y pueden coexistir.
¿Por qué respirar profundo no me sirve? La respiración diafragmática lenta es una herramienta útil, sobre todo al inicio, para reducir la activación. Pero tiene un riesgo: si se usa como recurso para hacer desaparecer la ansiedad cada vez que aparece, se convierte en una conducta de seguridad más, y entonces mantiene el problema en lugar de resolverlo. La diferencia está en la intención: respirar para poder permanecer en la situación funciona; respirar para escapar de la sensación, no.
¿Sirve de algo entender por qué se me produjo la ansiedad? Puede ayudar a dar sentido a la propia historia, pero no es requisito para resolverla. Los factores que originaron el cuadro y los que lo mantienen hoy suelen ser distintos, y el tratamiento con evidencia trabaja sobre los segundos. Muchas personas mejoran sustantivamente sin haber identificado nunca un origen claro.
¿Cuánto demora un tratamiento psicológico para la ansiedad? Un protocolo estándar de terapia cognitivo conductual se desarrolla habitualmente entre doce y dieciocho sesiones semanales, con las últimas espaciadas para consolidar los avances. En cuadros con varios motivos de consulta simultáneos o con trabajo sobre creencias centrales, el proceso puede extenderse. La duración se va calibrando durante el proceso.
¿Es mejor terapia, medicación o ambas? Depende de la severidad. Para cuadros leves a moderados, la psicoterapia sola suele ser suficiente y tiene ventajas documentadas en prevención de recaídas, porque el aprendizaje permanece después de terminado el tratamiento. Para cuadros moderados o severos, la combinación tiende a producir mejores resultados. Un punto relevante: si se usa medicación, conviene planificar desde el inicio cómo se irá retirando, porque un ansiolítico tomado "por si acaso" puede funcionar como conducta de seguridad y mantener intactas las creencias catastrofistas. La indicación farmacológica es competencia de un psiquiatra.
¿La terapia para la ansiedad funciona online? Sí. La evidencia disponible muestra resultados comparables a la modalidad presencial. Lo determinante es el enfoque, la alianza terapéutica y el compromiso con las tareas entre sesiones, en especial con las prácticas de exposición, y no si la sesión ocurre por videollamada.
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La información contenida en este artículo tiene un propósito exclusivamente informativo y general. No constituye un diagnóstico, una indicación clínica ni reemplaza la consulta con un profesional de la salud mental respecto de su situación particular. Si está atravesando una crisis o experimentando ideación suicida, contacte de inmediato a Salud Responde (600 360 7777, opción 1) o acuda al servicio de urgencia más cercano.




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